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Miércoles, 22/10/2014
   
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Siria, ¿un nuevo juego de la guerra? . .

No se puede perder de la memoria histórica el horror causado por EE.UU. cuando en 1.945 lanzó sobre Japón (Hiroshima y Nagasaki), aquellas bombas atómicas, que se clavaron en el dolor del mundo por los daños y los estragos que causó. Pero más aun, por dejar al descubierto el afán desmedido del hombre, sin importar su autodestrucción, por imponerse sobre otros; por dominar, por controlar, por triunfar?, sobre su misma especie.
Y decimos Hiroshima y Nagasaki por nombrar sólo ejemplos al extremo sangrientos, en la era moderna, de lo que son capaces las guerras. Pues, ciertamente, la historia está llena de muchos episodios sangrientos, nobles unos, innobles otros, pero quizás no tan cruentos, sangrientos y destructivos, como los que quedaron determinados con el lanzamiento de esas bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial.
Luego, han habido otras guerras, más humanas según dicen. Pues, ahora no tienen que montar a un piloto en el avión que va a hacer el ataque. Las naves modernas no son tripuladas. Y como ver un juego cualquiera por TV, así se aprecian las guerras modernas. Cual juego de Nintendo, hacemos cotidiano la muerte de seres humanos. Son como muñequitos destruyendo muñequitos. Gana el que más muñequitos destruya.
Quizás las guerras modernas son más cínicas. Pasan por una especie de sensibilización y alcahuetería de la mal llamada opinión pública, y luego de lograr el consentimiento de sus aliados, proceden a destruir todo. Todo por la paz del mundo, todo por la estabilización.
Los EE.UU. convertidos como policía del mundo, con su premio Nobel al frente; Barak Obama, han decidido atacar a Siria. Nuevamente la guerra como empresa, como corporación gigante, hace filas para alimentar a sus perros.
Como decía Silvio Rodríguez, la guerra parece la paz del futuro. El mundo al revés. La llamada población civil; los niños y los inocentes seres que allí habitan, esperan con los brazos abiertos la llegada de la muerte. Ya ellos han sido condenados.
Da tristeza y da dolor ver lo que parece inevitable. Pero entristece mas, al menos en el ámbito nacional, que la opinión sobre Siria y la inminente intervención de EE.UU. en ese país, quede reducido en si se es chavista o escuálido. En sí se es revolucionario o de la MUD. O en el peor de los casos, entristece más saber que ya muchos tienen el alma y el espíritu envenenado. Y que en sus juicios de valor, ya han juzgado a Siria y claman por el bombardeo. Ah, claro, seguramente el llanto y el dolor de todo un pueblo no retumbarán nunca en sus oídos.
Alguien le preguntaba a Obama acerca de su dilema entre ser el Premio Nobel de La Paz y ser quien ordene la intervención militar a Siria. Él sólo remitió a la persona a revisar su discurso cuando recibió el premio. Realmente creemos que ya Obama no es él. Obama es un sistema, un modo de producción, una concepción guerrerista del mundo. Él cree que es Dios.
(BLOG: hectorresplandor@.blogspot.com/)
 













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